Más allá de una simple técnica constructiva, la piedra seca es un legado vivo que explica la historia del territorio y la relación sostenible que las personas han establecido con la naturaleza a lo largo del tiempo. Presente en caminos, paredes de bancal, cobijos y barracas, esta arquitectura tradicional ha modelado los paisajes andorranos y pirenaicos durante siglos, configurando una imagen singular que hoy se convierte en símbolo de identidad y sostenibilidad.
Estrechamente vinculada a las prácticas agropastorales de montaña, en Andorra y en buena parte del Pirineo esta forma de construcción tradicional cayó durante mucho tiempo en el olvido. Sin embargo, en las últimas dos décadas ha vivido una recuperación significativa, tanto en lo que se refiere a la conservación como al reconocimiento patrimonial. Esta nueva mirada se ha consolidado con la inclusión de la técnica de la piedra seca en la lista representativa del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por parte de la UNESCO en 2018 y, en Andorra en 2024.
La técnica de construcción en piedra seca se ha considerado una actividad que conecta el paisaje pirenaico y con esta idea la Comunidad de Trabajo de los Pirineos lidera desde 2023 lo que se ha convertido en el proyecto Interreg POCTEFA Petra, una iniciativa transfronteriza que une España, Francia y Andorra para promover y preservar la piedra seca. Cofinanciado en un 65% por la Unión Europea, el proyecto impulsa acciones de restauración, divulgación y sensibilización social en torno a esta técnica ancestral, a la vez que fomenta un desarrollo territorial sostenible y equilibrado.
Con el proyecto Petra, se refuerza la cohesión territorial y el diálogo entre agentes locales y transfronterizos, favoreciendo el intercambio de conocimiento, recursos y buenas prácticas para garantizar la continuidad de esta técnica, que es patrimonio cultural y herramienta clave para la sostenibilidad ambiental. Por este motivo, preservar y transmitir ese conocimiento tradicional se ha convertido en una prioridad estratégica para el país.
En el Principado de Andorra los primeros pasos hacia su protección se remontan al año 2004, con la declaración del valle del Madriu-Perafita-Claror como Patrimonio Mundial por la UNESCO. Este reconocimiento ponía de manifiesto la necesidad de preservar los paisajes culturales entendidos como zonas tradicionales que integran la acción humana manifestada en este caso particular con muros, paredes, cabañas, bancales, caminos, carboneras hechos con la técnica de la piedra seca.