Este 2025, la Denominación de Origen Pla de Bages celebra su 30 aniversario. Desde su fundación, en 1995, la entidad destacó por la defensa de dos rasgos identitarios fundamentales: la variedad autóctona picapoll blanco y las construcciones de piedra seca.
Con un territorio de 500 ha y 17 bodegas de gestión familiar con viñedo propio, la D.O. Pla de Bages es la segunda más pequeña de Catalunya. Se extiende por los municipios de Artés, Avinyó, Canet de Fals, Castellfollit del Boix, Fonollosa, Maians, Manresa, Navàs, Salelles, Sallent, Sant Fruitós de Bages, Santa Maria d'Horta d'Avinyó y Santa Maria d'Oló.
En un momento en que el patrimonio de piedra seca sufría una situación general de poco valor que incluso había llegado a provocar la desaparición de una parte muy importante y amenazaba al resto con el mismo destino, la D.O. asumió, desde el primer día, el reto de recuperarlo y ponerlo en valor en tanto que entendió que se trataba de un patrimonio estrechamente ligado al cultivo de la viña y la cultura del vino, en una iniciativa valiente y pionera en Cataluña que, con los años, se ha consolidado como ejemplar y significativa tanto para el territorio como para sus habitantes.
El Bages, territorio de piedra seca
Con 8.644 construcciones catalogadas actualmente en la Wikipedra (7.326 barracas, 580 construcciones para almacenar agua, 150 hornos, 203 muros y conjuntos de muros significativos y 385 construcciones de otros tipos), hoy en día el Bages es, con diferencia, la comarca catalana con más densidad de construcciones de piedra seca. De éstas, más de 4.000 barracas, un centenar de conjuntos de tinas a pie de viñedo —seguramente las primeras construcciones cooperativas del sector— y kilómetros de muros se encuentran en el territorio de la D.O.
El cultivo del viñedo en el Bages cuenta con casi dos mil años de historia y, a lo largo de todos estos siglos, ha construido lentamente un espectacular e inmenso patrimonio de piedra seca que, a través de clapers, muros, bancales, estructuras para encauzar y almacenar agua, tinas, cobijos y miles de barracas de piedra seca que salpican toda la comarca, articula un paisaje plenamente arraigado en su tradición vitivinícola.
A finales del siglo XIX, en una época bautizada como la fiebre del oro del vino, el Bages llegó a ser la región con mayor superficie de viñedo de toda Catalunya, unas 28.000 ha. Los viñedos —y, por tanto, la piedra seca— subían hasta lugares que hoy en día nos parecen inverosímiles e incluso, en los lugares más alejados, se habían levantado las características tinas a pie de viña para elaborar el vino in situ evitando así el coste de los arrieros, ya que era más económico transportar el vino elaborado que la uva. Para hacernos una idea de la importancia de este cultivo en la época, actualmente el total de la superficie cultivada en el Bages, entre todos los cultivos, es de 26.000 ha, de las cuales sólo 500 son de viñedo. Una superficie equiparable a toda la zona de cultivo de arroz del Delta de l'Ebre.
Compromiso con la recuperació del patrimonio
Después de años en los que el patrimonio de piedra seca había sido poco valorado o sencillamente no tenido en cuenta, la D.O. se fijó como objetivo prioritario su revalorización a los ojos de quien tenía la responsabilidad directa —los propietarios— y de las administraciones públicas. Así, en 1996, convocó la primera edición del Concurso para la rehabilitación y conservación de las barracas de viñedo y otras construcciones en piedra seca, una propuesta inédita de carácter bianual que consiguió inmediatamente un notable eco y participación y se convirtió en un punto de inflexión en la situación de la piedra seca en el Bages consiguiendo despertar el interés de los propietarios por estas construcciones. Para hacernos una idea, a raíz de las cinco primeras ediciones del concurso se rehabilitaron cerca de cincuenta construcciones.
Celebrado de forma bianual, el concurso premiaba las tres mejores tareas de rehabilitación presentadas, teniendo en cuenta la calidad del trabajo realizado, la utilización de materiales originales, el estado inicial del que partía la reparación y la recuperación de los elementos de piedra seca del entorno, principalmente paredes y márgenes. En 2018, después de siete ediciones, la D.O. dio un paso más e incorporó una nueva categoría al premio, destinada al reconocimiento de los trabajos, estudios, proyectos e iniciativas que contribuyen a poner en valor y dar voz al patrimonio de piedra seca. Coincidiendo con esta ampliación, el concurso pasó a llamarse Premi Viu la Pedra Seca.
Paralelamente, para completar el eco de los concursos y poner en valor el patrimonio de piedra seca en todo el territorio, impulsó una exposición fotográfica itinerante de Joan Vilaplana que, con un trabajo muy cuidadoso, conseguía transmitir una nueva visión de la arquitectura de la piedra seca que evidenciaba su estética y atractivo artístico. Años después, la exposición se estableció de forma permanente en la Casa de la Culla, sede de la D.O.
Poco después, con la colaboración del Centre d’Estudis del Bages y de un grupo de estudiosos, la D.O. impulsaría otra iniciativa que, con el tiempo, se convertiría en capital en el estudio y la divulgación de la piedra seca en nuestro país: la primera Trobada d’Estudis per a la Preservació del Patrimoni en Pedra Seca dels Països Catalans, que tuvo lugar en Manresa en junio del año 2002.
Este primer encuentro, que contó con la participación de una veintena de ponentes y cuyas actas se pueden leer en la Revista Dovella núm. 78, fue la semilla de la actual Trobada de la Pedra Seca i l’Arquitectura Tradicional, actualmente impulsada por la APSAT, que se ha celebrado ininterrumpidamente desde entonces, de forma bianual, en todos los territorios de habla catalana.
La inserción laboral como herramienta de restauración
L’any 2020, gràcies a la col·laboració entre la D.O. Pla de Bages, Càritas Arxiprestal Manresa i Caixabank, va néixer una nova iniciativa, els Ajuts per a la Restauració de Pedra Seca a Través de la Inserció Laboral, desenvolupada arran de l’èxit projecte Activa’t a l’hort impulsat per Càritas Manresa des de 2013. A la darrera convocatòria s’hi ha sumat la cooperativa Senders Vius, encarregada de coordinar l’execució dels treballs.
En 2020, gracias a la colaboración entre la D.O. Pla de Bages, Càritas Arxiprestal Manresa y Caixabank, nació una nueva iniciativa, las Ayudas para la Restauración de Piedra Seca a través de la Inserción Laboral, desarrollada a raíz del éxito proyecto Activa't a l'hort impulsado por Càritas Manresa desde 2013. A la última convocatoria se ha sumado la cooperativa Senders Vius, encargada de coordinar la ejecución de los trabajos.
Este 2025 este programa ha llegado a su cuarta edición, demostrando un impacto significativo en la conservación de la piedra seca del territorio de la D.O. Las tres primeras ediciones permitieron restaurar dieciocho barracas, tres construcciones singulares y cerca de 700 metros cuadrados de márgenes en un total de treinta y siete actuaciones, a las que se añaden los doce proyectos que han obtenido la ayuda este año y entre los que se encuentran seis barracas de viña, un horno de cal, un horno de ollas y barro y cerca de doscientos treinta metros cuadrados de márgenes.
El enoturismo como camino de descubierta patrimonial
El mismo año 2020, en colaboración con Bages Turisme y el Consell Comarcal del Bages, la D.O. lanzaría una de sus propuestas más populares, la Ruta del Vino D.O. Pla de Bages, primera ruta de enoturismo cultural de Catalunya. La ruta no sólo pone en valor los vinos que se hacen en la comarca, sino también los elementos patrimoniales y paisajísticos que la hacen única. Así, la piedra seca se ha transformado en un recurso enoturístico de primer orden, evidenciando y justificando la necesidad y la idoneidad de su conservación y mantenimiento.
Con su labor a lo largo de estos treinta años, la D.O. Pla de Bages atestigua como una denominación de origen puede liderar la defensa del patrimonio. El binomio vino y piedra seca se ha convertido en una marca de identidad propia y, gracias a ello, barracas y tinas que permanecieron olvidadas durante décadas vuelven a ser motivo de orgullo, convirtiéndose en aliadas para el desarrollo sostenible del enoturismo y la cultura en la región.